Facções criminosas viraram redes de empresários do crime, diz PF
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Facções criminosas viraram redes de empresários do crime, diz PF

Las facciones criminales en Brasil han evolucionado más allá de ser simples grupos dedicados al tráfico de drogas. Según la Policía Federal, actualmente combinan lucro, violencia, control territorial, influencia política e infiltración en sectores de la economía formal. En una entrevista, el delegado Alexandre Custódio Neto, jefe de la Coordinación General de Represión a Drogas, Armas, Crímenes contra el Patrimonio y Facciones Criminales, destacó que el combate al crimen organizado requiere una estrategia dual: atacar el patrimonio de los criminales y enfrentar la gobernanza criminal que ejercen estas facciones en comunidades, prisiones y rutas estratégicas. Custódio explicó que organizaciones como el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV) surgieron en el sistema penitenciario, pero se han expandido a comunidades, imponiendo reglas no solo a otros criminales, sino también a los residentes. Según su análisis, es un error ver a estas facciones únicamente como empresas criminales tradicionales; su estructura se asemeja más a una red de "emprendedores individuales del crimen organizado". Esto implica que los miembros pueden operar en diversas actividades delictivas, desde el tráfico de drogas hasta fraudes bancarias, manteniendo su propio capital y negocios, aunque bajo el paraguas de la facción. El delegado subrayó que la descapitalización de un líder poderoso puede debilitarlo, pero no necesariamente desmantela la facción en su conjunto. Por ello, la Policía Federal aboga por una combinación de investigación financiera, arresto de líderes, represión a grupos armados y la reactivación de la presencia estatal en áreas dominadas por estas organizaciones. En este contexto, las Fuerzas Integradas de Combate al Crimen Organizado (Ficcos) juegan un papel fundamental, al reunir a la Policía Federal, policías estatales y otras instituciones en tareas permanentes de colaboración. Custódio enfatizó que esta integración mejora significativamente la capacidad de investigación y operación conjunta. Además, el avance de las facciones hacia la economía legal es motivo de preocupación. Investigaciones recientes han revelado la participación de criminales en sectores como combustibles, mercado inmobiliario y entretenimiento, llevando consigo un repertorio de intimidación característico del crimen. También existe inquietud por la infiltración política, ya que estas organizaciones buscan influir en gobiernos municipales para proteger territorios y acceder a contratos públicos. Aunque algunos miembros de estas facciones operan en el extranjero, especialmente en Europa, su enfoque principal es la negociación de cargas de cocaína, sin la misma lógica de dominio territorial que en Brasil. Según un estudio de Datafolha, se estima que facciones y milicias afectan a cerca del 19% de la población brasileña, lo que resalta la complejidad del problema que involucra territorio, dinero, violencia e influencia social. La Policía Federal concluye que no hay una solución única para el combate al crimen organizado, que debe incluir investigación patrimonial, cooperación internacional y una integración efectiva entre fuerzas estatales y federales.

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