El control de fronteras en la Unión Europea ha cambiado de manera significativa. Desde el 10 de noviembre, se ha implementado un nuevo sistema de entradas que elimina el uso de sellos en los pasaportes, pasando a un formato completamente digital. Al llegar a Europa, los viajeros deberán escanear su pasaporte en un tótem de autoatención y proporcionar datos biométricos, como huellas dactilares y una imagen facial, antes de pasar por los agentes de inmigración. Esto podría resultar en filas y demoras en los aeropuertos. Anita Mendiratta, de la Organización Mundial del Turismo, señala que el tiempo adicional que se invertirá en este proceso será beneficioso a largo plazo, ya que permitirá acelerar y hacer más seguro el proceso de viaje. Los datos biométricos se almacenarán en el sistema durante varios años, lo que contribuirá a verificar la identidad de los viajeros que ingresan al bloque. Este nuevo sistema se aplica a personas de fuera de la Unión Europea que ingresen a cualquiera de los 29 países del Espacio Schengen, a excepción de Irlanda y Chipre. La implementación comenzó de manera gradual en octubre de 2025, lo que provocó largas esperas en algunos aeropuertos, como el de Lisboa. Cabe destacar que este sistema no debe confundirse con el ETIAS, la autorización electrónica de viaje, que se implementará a finales de 2026.