En Macapá, Amapá, una solución innovadora a partir del carozo del açaí está transformando un problema ambiental en una oportunidad de negocio. Wesley Lamonier, ingeniero agrónomo, desarrolló un biofertilizante sostenible utilizando los residuos de esta fruta, que es abundante en la región. La idea surgió tras enfrentar dificultades financieras en su producción agrícola, donde cultivaba pimientos. Al observar que solo el 15% a 20% del açaí se aprovecha para consumo, mientras que el 80% se convierte en residuo, decidió crear un producto que no solo mejora la calidad del suelo, sino que también contribuye a la captura de carbono. Con una inversión inicial de aproximadamente R$ 80 mil y el apoyo de programas de innovación, su empresa ha escalado, procesando actualmente alrededor de 2 toneladas de carozo de açaí al día, aunque recibe unas 20 toneladas. El modelo de negocio se enfoca en el mercado agro, ofreciendo sus productos a empresas y cooperativas agrícolas, con el objetivo de reducir costos de fertilización y aumentar la productividad de cultivos. Además, la iniciativa promueve la economía circular al comprar carozo a recolectores locales, generando ingresos y evitando el desecho inadecuado de residuos. Lamonier destaca que su motivación va más allá del lucro, buscando hacer una diferencia en la agricultura y contribuir a un futuro más sostenible.