El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, autorizó el acceso del cardenal Pierbattista Pizzaballa a la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, permitiendo así la realización de celebraciones religiosas en el lugar. Esta decisión se produce tras un incidente en el que la policía israelí impidió al cardenal entrar a la iglesia para celebrar la misa de Domingo de Ramos, un hecho calificado como inédito por el Patriarcado Latino de Jerusalén. La policía había cerrado todos los lugares sagrados de la Ciudad Vieja de Jerusalén debido a preocupaciones de seguridad en el contexto del conflicto entre Estados Unidos e Irán. La medida generó críticas internacionales, incluyendo declaraciones de gobiernos como el de Brasil, que la consideró grave y contraria a la libertad de culto. Otros líderes de países como Francia, España e Italia también expresaron su preocupación y exigieron respeto por los lugares religiosos en Jerusalén. Netanyahu, al enterarse del incidente, instruyó a las autoridades a garantizar "acceso total y inmediato" al cardenal para que pudiera realizar las celebraciones. El cardenal Pizzaballa fue impedido de celebrar la misa, que se iba a llevar a cabo de forma privada, a pesar de que la policía fue informada de la situación. Además, las restricciones al culto religioso han sido objeto de críticas por su aplicación inconsistente, ya que otros líderes religiosos han podido acceder a lugares sagrados durante el Ramadán y otras festividades.