El último día del Lollapalooza Brasil, celebrado en el Autódromo de Interlagos, estuvo marcado por un intenso calor que alcanzó los 30 grados Celsius. Esta situación llevó a los asistentes a buscar refugio en estructuras de activaciones, carpas y hasta en la sombra de otros festivaleros para escapar del sol abrasador. A diferencia de años anteriores, donde la lluvia y el barro eran los principales inconvenientes, este domingo los participantes tuvieron que improvisar para protegerse del calor. Las filas en las estaciones de agua fueron constantes, ya que los asistentes intentaban mantenerse hidratados mientras disfrutaban de los conciertos. Muchos se refugiaron en áreas improvisadas, como totens y torres de sonido, que se convirtieron en verdaderos oasis momentáneos. Algunos, como Marjorie Ferraz, mencionaron que su familia se convirtió en su principal fuente de sombra, destacando la falta de carpas suficientes para el público. A pesar de las dificultades, los fanáticos mantuvieron su entusiasmo por los shows, mostrando que su deseo de disfrutar del festival prevalecía sobre el malestar causado por el calor. La búsqueda de hidratación y sombra se volvió una constante entre los asistentes, quienes continuaron disfrutando del evento con determinación.