Con la llegada del otoño, las temperaturas comienzan a descender y los días se acortan, lo que no solo implica cambios en el vestuario, sino también en el cuerpo y la mente. Esta transición puede afectar tanto la sensación física como el equilibrio emocional de las personas. Especialistas advierten que el frío y la disminución de la luz solar impactan especialmente en las articulaciones y el estado de ánimo. Según Thiago Ferreira, reumatólogo y profesor de posgrado, quienes padecen enfermedades articulares como artritis y artrosis suelen experimentar un aumento en la rigidez y el dolor durante los días fríos. La baja temperatura provoca contracción muscular y reduce la flexibilidad, generando una sensación de articulaciones "travadas". Además, las variaciones en la presión atmosférica, comunes en esta época, pueden intensificar el malestar en quienes ya tienen inflamaciones o desgastes articulares. Por otro lado, Mariana Ramos, profesora de Psicología, señala que la reducción de la luz natural afecta funciones biológicas que regulan el sueño y el bienestar emocional. La menor exposición a la luz solar puede disminuir la producción de serotonina, lo que lleva a sensaciones de cansancio y desánimo. En casos más severos, estas alteraciones pueden manifestarse como trastorno afectivo estacional, una forma de depresión que se presenta en ciertas épocas del año.